Cosas que no vemos (...)
3/20/20241 min read


-¿Grasa, don? – el quinto en el día.
-¿Cuánto cobras…? – de a quince jefe, agregué enseguida.
Todos mis días son iguales. Desde el lunes, hasta el sábado. Desde que abren hasta que están cerrando. Desde que tengo que bolear no sé cuántos pares, hasta que se me termine la grasa, las ganas de seguir boleando, o esté muriéndome de hambre.
Al menos en estos días he tenido qué bolear, ¿a quiénes?
El mercado de la colonia se llena en estos días. En todo el día, unos vienen, compran, seguramente comen, se van y cenan. Otros vienen, se van, se les olvida algo, vuelven, se van y cenan. Otros se ajustan, compran algunas cosas, se van y cenan. Otros nos quedamos, no nos vamos, y con suerte cenamos. Y nada de esto es con afán de hacer sentir mal a nadie. Simplemente boleando o no, así son mis días. Mi mamá dice que hay unos que tienen mucha suerte, y hay otros que solo somos pobres, entonces con suerte cenaremos…
He juntado entre ayer y hoy, $130 y de ellos necesito: $12 para mi pasaje a la casa y los otros $118 para lo que sea que pueda comprar.
(…)
(Oscar, circunstancialmente hombre de familia, 12 años. Resentido con la vida, con su suerte, con el no poder tener un cena, o tener con qué cenar, o tener con qué darle un feliz año a los suyos).
Dic, 31.
