Una policiaca (...)
3/20/20248 min read


Noviembre, 14;
8:30 peéme
A y B)
-¡Ceda el paso! ¡Ceda el paso! – Fiscalía General del Estado. Eso es lo que pude leer, gracias al azul y rojo de las sirenas que me dejaban atrás.
Llevo aquí casi media hora estacionado, en el kilómetro número – no sé cuál –, ya van cinco ambulancias y quince patrullas apresuradas que se dirigen a Jonotla, un pueblillo cerca de Zacapoaxtla. Allí, hace casi cuarenta minutos, un coche bomba, le ha arrebatado la vida a casi setenta personas.
Según el radio, el coche habría sido estacionado exactamente en el zócalo del lugar.
“Hasta el momento, van setenta personas y contando; unas calcinadas, otras desaparecidas, otras que perdieron extremidades y seres queridos. Este, sin duda alguna, ha sido uno de los peores sucesos. Un ultraje, que no sabemos de dónde viene o cuál sea el motivo.
Jonotla es tan escabroso, que la explosión ha ocasionado derrumbes en distintos puntos del lugar. En espera de recibir más noticias que los tenga al tanto…”
A)
Como de costumbre y como parte de mi trabajo, tenía que estar yendo a cosas como estas, si lo que quería era un aumento. De alguna forma tenía que ser veloz, debía llegar antes que todos los demás a hacer la noticia, tomar algunas fotos, evidenciar policías, etcétera.
Se escuchaba que el resquemor era de parte de ellos. Ellos lo habían cometido, así como otros casos que se habían quedado en el olvido. Este era uno nuevo, casi idéntico, solo que un lugar distinto. Los protagonistas eran los mismos.
Jonotla, de ser tranquilo en unos días, pasó a ser el caos. Paramédicos, policías y forenses, farfullaban por radios. Llantos, gritos adoloridos, gritos de pánico, eran los que también alfombraban el zócalo.
¿Quién habrá sido capaz de esto?
Por obvias razones, no tenía la cámara afuera. Solo una grabadora que iba guardando todo.
B)
Este es el tercer cigarro que enciendo. Sigo sin moverme del kilómetro en el que estoy. Apagué las luces del coche. Le subí a la música, y las únicas que iluminan, son las de las patrullas que esporádicamente pasan por este tramo.
No es personal. O no lo era. Y tampoco quiero que ya tan rápido imaginen que fui yo.
Esperé a que pasara más tiempo… Encendí nuevamente el coche, hice una llamada… “Bienvenidos a Jonotla: un tesoro cultural y natural en las montañas de Puebla, lugar donde abunda el jonote” “Tome vías alternas” “¿Adónde va?” Un soldado me pregunta. Me bajó de la camioneta, revisó todo, le quitó el rollo a mi cámara, lo pisó, la cajuela; después pude pasar.
En la iglesia las luces estaban encendidas. El párroco, por un altavoz, pedía calma, y que la gente pasara a refugiarse, pues el lugar seguía en alerta. Aún había sospechas. Los policías tenían tomado el lugar, para mantener la calma y la seguridad. Los paramédicos atendían de a cuatro cada uno. Los peritos farfullaban y se lamentaban entre sí.
El mirador de Jonotla, era algo sublime y podía desvelarte todo lo que sucedía en el lugar. Ahí me estacioné, y allí me quedé un rato, hasta que se fueran todos, y se olvidaran de que estaba ahí.
A)
Decidí caminar. El coche se quedó unas calles atrás. ¿Sabe cómo pasó todo? A una señora adormecida en un tendajón… “Mire, joven, yo estaba aquí durmiendo, no me di cuenta de cómo fue, digo, ya estoy muy viejecita, y solamente escuché el estruendo que me hizo salir, y ver cómo las llamas se trepaban a los árboles y a las casas. Los grito se escuchaban hasta aquí adentro, y hace una media hora, unos soldados, muy mal encarados, me vinieron a hacer unas preguntas, para saber si había visto algo, pero por dios que no vi nada, esto que le digo a usted, es lo que le dije a ellos, y es lo que pude ver…”
Ya que estaba ahí, compré una cajetilla de cigarros. Caminé otras cuatro calles; en las tres anteriores, solo se veían policías/soldados, paramédicos subiendo y bajando camillas, y forenses…
Llegué a un bar que circunstancialmente había tenido que cerrar… El cantinero, limpiaba los vasos como si fuera un día normal, o más bien, sin meterse en nada. Si él había visto algo, no meterse.
“Buena noches, joven, ya cerramos…” Acomodando los tacos que estaban en la mesas de billar…
Le pregunté si había visto algo o si sabía algo… “Mire, muchos de los que estaban aquí adentro hace rato, dicen que vieron a un hombre, de mediana estatura, con un gorro, gafas negras, y que estacionaba el coche muy cerca del zócalo. Que nadie vio cuando se fue, ni cuando llegó, solo dejó el coche ahí, y se fue. Lo demás es historia, joven, no me haga mucho caso, que yo tampoco le hice a los que me lo contaron… Estaban muy briagos, por eso le digo. Pero también encaja, ¿no cree? En fin, yo pretendo no meterme, porque los policías no traen tirria desde hace rato, y mejor aquí es no saber nada”.
B)
Pasó casi una hora. El movimiento era el mismo, ya saben… No quería bajar aún. Las cosas estaban frescas, y lo mejor era que nadie llegara a levantar sospechas. Ni siquiera tengo la orden de estar aquí. No puedo estar aquí, desde hace seis horas, no tengo trabajo.
Discutí con el director que es un imbécil: “Ya te dije que no, ¿qué no entiendes? No puedes estar yendo a todos lados, mandándote solo. Yo decido quién va y quién no va. Sal de aquí inmediatamente…”
Le avisé a Valeria que no llegaría a cenar como de costumbre. Que tenía cosas que hacer. Que había pasado algo, y que tenía que ir.
Bajé a tomar unas fotos. Me puse un gorro que tenía en la guantera. Encendí un cigarro, y trataba de entender qué había pasado. Intentaba darle forma a una historia que no tenía ni pies ni cabeza.
Las campanadas se oyen en todos lados. Campanadas que mantenían alerta a la gente. En cada casa aledaña al zócalo, había un detective haciendo lo que yo: preguntas, conjeturas, testimonios, intentando hacer una historia de lo que había ocurrido.
Las calles ya estaban vaciándose. Los gritos iban haciéndose menos. Pero las conjeturas iban haciéndose más grandes y menos coherentes.
¡Deténgase! Desde la patrulla…
¿En qué le puedo ayudar oficial?
“Bájese del coche, esto es de rutina. Muéstreme los papeles del coche… y su identificación, por favor”.
A)
Señora adormecida al detective Oropeza: Mire, señor, yo no vi nada. Ya estoy muy viejecita. Y tampoco he visto nada extraño… Hace rato, un muchacho vino, y me pregunto que qué había pasado, pero le dije lo mismo que a usted.
Descríbalo… es necesario ir descartando. Finalmente, esto es por el bien de usted y de los suyos, necesitamos que coopere.
Cantinero (también) al detective Oropeza: Se me hizo raro que entrara a preguntar, como le digo, ya no había nadie. Ya todos, lógicamente, se habían ido. Pero él entró y me preguntó muy insistente si había visto algo. Era de madiana estatura, tenía una chamarra de cuero negra. Cabello rizado, o eso alcancé a ver, pero por esta que ya no vi nada.
Y como le dije a él y a usted, dicen que un hombre dejó ahí su coche y se fue, fue todo. No creo que haya sido él.
¿Sabe a dónde fue?
No tengo idea, señor.
Necesito que me diga dónde está el sonido del pueblo. Necesitamos aclarar, alertar y tranquilizar a la gente, ¿sabe?
Oropeza tomó el micrófono. Carraspeó, golpeteó el micro a ver si se oía y comenzó a escucharse hasta el mirador: “Buenas noches, es Gerardo Oropeza. Y me presento para adelantarles algo de lo que ha pasado, esto con la finalidad de que se mantengan tranquilos: Hace seis horas, recibimos una llamada anónimo que nos anticipó esto. Así que, enviamos a dos de nuestras unidades a que revisaran y cuidaran la entrada y todo el lugar. Deben entender que esto no es culpa nuestra, muchas de las veces se reciben llamadas como estas que son mentiras al final, sin embargo, no hicimos caso omiso, por eso estamos aquí.
El coche que explotó hace un rato, era una de las unidades que habíamos mandado. No sabemos a qué hora, no sabemos quién fue, no sabemos tampoco dónde esté nuestro compañero, pero quiero que sepan que vamos a resolver esto... y que no se va a quedar así, cerraremos Jonotla por unos días, hasta que se tengan más pruebas y podamos resolver esto sin que se quede impune, buenas noches, Gerardo Oropeza, duerman tranquilos.”
B)
¿En qué le puedo ayudar, oficial? Bajé el vidrio, y pude ver que no solo era uno, sino tres policías los que esperaban a que abriera la puerta.
Sus papeles… ¿Viene seguido por aquí? Mire, estamos investigando lo del coche bomba, ¿supo de ello? Y si no, le cuento, un coche explotó en el zócalo, y estamos buscando al artífice de todo esto. Le repito de nuevo, ¿sabe algo de esto? ¿Puede darme sus papeles, por favor? Bájese del coche.
No entiendo nada, oficial. No tengo idea de qué esté pasando…
Revisaron de nuevo el coche. ¿Cuál es su nombre completo? Abel Pedraza Guzmán… ¿Y por qué no es su nombre el de los papeles? ¿Sabía que buscamos un coche idéntico a este? ¿Sabía que el coche que explotó es este?
No sé de qué me está hablando, oficial.
A)
Encendí el coche, y antes de que dieran conmigo, escapé de ahí. Salí del pueblo lo antes posible y me fui a casa. Ya todo había terminado. Qué difícil es hacer noticias, caray…
No tengo certeza de lo que pasó. Unos ya me están buscando que porque soy asesino. Que porque así es como hago noticias, yo las creo, yo soy el que las comete. Y otros para interrogarme, ¿cómo es que yo era el único ahí? El único que pudo entrar, el único de prensa que pudo entrar sin problema. Eso no le cuadra a nadie, ni a Valeria, que acaba de dejarme por mentiroso. Me marcó y me dijo que por qué, que si había sido yo.
Yo le juro y perjuro que nada de esto es verdad… Yo lo escuché en el radio, y lo único que hice fue ir hasta allá. Por teléfono pude decirle eso.
Ahora estoy encerrado, golpeado, me han interrogado toda la noche. No contaba con que una barricada me esperara en los siguientes trescientos metros… Tampoco contaba con esto. Todos los medios han llegado, todos haciendo primeras planas mías.
El asesino de Jonotla.
B)
Por fin pude irme. No dejaron de hacerme preguntas. Y tampoco estoy para resolver preguntas. No fui yo y ya. Al fin y al cabo ya tengo fotos, grabaciones y me queda armar la historia, y encontrar al que hizo esto.
Pude irme. Tiré las gafas, el gorro y el control remoto por la ventana… Y me fui.
Otro relato de impunidad. Otro relato que nadie va a resolver. Ni siquiera sé si yo pueda armarle alguna explicación.
Veinte de noviembre.
“JOVEN DESAPARECIDO
(Fotos mías)
Se llama Abel Pedraza Guzmán. Se le vio por última vez cerca de Jonotla, el lunes 14 de Noviembre, por la tarde. Si usted cree haberlo visto, por favor contacte con urgencia:
112 (Emergencias)
911 (Policía)
2222859574
